Un edificio histórico frente al mar se convierte en refugio gastronómico con la llegada de Lamucca del Mar, un restaurante que celebra el Mediterráneo a través de una cocina honesta, diseño artesanal y una atmósfera serena que invita a quedarse.
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Un edificio histórico frente al mar se convierte en refugio gastronómico con la llegada de Lamucca del Mar, un restaurante que celebra el Mediterráneo a través de una cocina honesta, diseño artesanal y una atmósfera serena que invita a quedarse.
El Grupo Lamucca da el salto a las islas Baleares y abre su primer restaurante fuera de Madrid con un concepto que abraza el paisaje, la calma y la esencia del Mediterráneo. En el corazón del Port Petit del Molinar, en Palma de Mallorca, nace Lamucca del Mar, un espacio gastronómico pensado para detener el tiempo a golpe de sabor y diseño.

Con una facturación de 30 millones de euros en 2024, 16 locales y cerca de 600 empleados, el grupo madrileño comienza así su expansión nacional apostando por una ubicación privilegiada: un edificio histórico con vistas al mar que ahora respira luz, madera y calidez.

El diseño del restaurante, liderado por la interiorista mallorquina Eva Quintana, es un homenaje al entorno y a los oficios locales. Se ha optado por una estética sobria y natural, con materiales nobles como el hierro, el latón, el travertino y la piedra de mares. La colaboración con artesanos mallorquines ha sido clave: luminarias de Tonia Fuster, mármoles de Art en Pedra, forja de Metal Ferro Balear y carpintería de Only Woods, entre otros. Todo ello, en diálogo con la arquitectura original del puerto más antiguo de Baleares.

La carta de Lamucca del Mar es un tributo al mar, la tierra y la brasa. Desde entrantes como la ostra Speciale Sorlut con salsa Nam Jim o la ensaladilla rusa con gambones, hasta platos principales como el pulpo a la parrilla con emulsión de patata o el arroz negro a la llauna con mayonesa de fonoll marí, cada receta busca saborear el paisaje. No faltan guiños a la tierra con propuestas como el arroz de pato a la llauna o el steak tartar con tuétano a la brasa.

Los postres combinan tradición y creatividad, destacando el gato de almendras, la pavlova de maracuyá con frambuesas o una singular tarta de queso Idiazábal. La bodega equilibra vinos mallorquines y etiquetas internacionales, mientras que la coctelería apuesta por clásicos bien ejecutados, ideales para acompañar el ritmo pausado del local.

«Queríamos construir un lugar donde uno quisiera quedarse, sin mirar el reloj«, explican desde Lamucca. Y ese espíritu se percibe en cada rincón del restaurante, donde la brisa marina se mezcla con el aroma a brasa y las vistas al mar marcan el compás. Más información en https://lamuccacompany.es/
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