El popular barrio de Carabanchel suma una nueva propuesta gastronómica con alma andaluza. La cocinera Sol Pérez-Fragero traslada su proyecto más personal a un barrio donde el comercio local resiste, con una carta breve que reivindica recetas históricas como la mazamorra cordobesa.
La transformación acelerada del centro de Madrid ha cambiado la manera de vivir y consumir en la ciudad. La desaparición del comercio tradicional y la presión de grandes cadenas han obligado a muchos pequeños hosteleros a replantear su futuro. En ese contexto nace una nueva etapa de La Gloria, que abre ahora en Carabanchel (C/ General Martín Cerezo, 3) con una idea clara: volver al barrio para seguir siendo un bar de barrio.

El proyecto está impulsado por Sol Pérez-Fragero, empresaria cordobesa detrás de La Gloria en Noviciado y Josefita en Malasaña, que ha decidido replicar su modelo en un entorno donde todavía persiste la vida vecinal. Carabanchel se presenta como un territorio cercano al centro, pero con una identidad propia que permite recuperar la esencia de la hostelería cotidiana: clientes habituales, comercio de proximidad y una relación directa con el producto.

La decisión responde también a un cambio en el mapa social del centro de Madrid. La pérdida de vecinos y el aumento de negocios orientados al turismo han modificado el ecosistema en el que durante años prosperaron muchos bares independientes. Frente a ese escenario, el nuevo local reivindica un modelo de restauración basado en la cercanía y en un ticket medio honesto de entre 20 y 30 euros.

La propuesta gastronómica mantiene intacto el ADN andaluz que caracteriza al proyecto. El chef Álvaro de Lucas, parte del equipo desde 2015, lidera una carta más concentrada en las raíces culinarias del sur. Entre los platos destaca la mazamorra cordobesa, considerada el antecedente histórico del salmorejo, una receta de origen andalusí elaborada con almendras en lugar de tomate.

También forman parte del menú algunos imprescindibles ligados a la memoria personal de su fundadora. Las berenjenas con miel, los flamenquines enviados desde Almodóvar del Río o el mollete de lomo en manteca de Vejer evocan sabores familiares y viajes recurrentes a Andalucía. A ellos se suman platos como albóndigas de choco y gamba con manzanilla de Sanlúcar, habas fritas con jamón y huevo o un paté de perdiz inspirado en las paradas familiares en La Carolina.

La cocina se completa con recetas estacionales que refuerzan ese vínculo con la tradición. Los domingos se sirve arroz de perol, típico de Córdoba, mientras que en invierno aparece la olla cortijera -una versión local del cocido- y en primavera llegarán las patatas con choco.

En la copa, el proyecto apuesta por ‘vinos de barrio’ de pequeños viticultores, seleccionados con la recomendación de Jimmy Bubbles, de Cuvée 3000, reforzando la filosofía de productores independientes.