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Las ciudades del futuro

José A. Prados

17 julio 2017

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Coches más seguros y conectados para reducir el tráfico urbano, facilitar la movilidad y reducir las emisiones contaminantes.

El tráfico y la contaminación –acústica y por emisiones- son los grandes problemas a los que se enfrentarán las megaciudades en los próximos años, un escenario en el que ya han empezado a trabajar desde hace tiempo fabricantes de automóviles y componentes para crear un entorno más amigable en el que los coches, bicicletas y peatones convivan de la mejor forma posible. Para conocer cuáles son las propuestas más innovadoras hemos asistido en Boxberg (Alemania) a la Bosch Mobility Experience 2017, un foro en el que los responsables de diferentes áreas de Bosch han expuesto sus avances.
 
El tráfico es la principal preocupación de los expertos, sobre todo si tenemos en cuenta que en 2025 los atascos de tráfico en las principales ciudades europeas supondrán unos costes anuales de unos 208.000 millones de euros, cifra que podría continuar incrementándose si no actuamos de una forma rápida y contundente, ya que para 2050 se espera que más del 82 por ciento de los europeos habiten en grandes ciudades y un 80% de la población mundial vivirá en alguna de las 41 megaciudades –más de 10 millones de habitantes y con una densidad mínima de 2.000 personas por kilómetro cuadrado-.
 
Más tráfico y más contaminación, menos espacio verde y más ruido. Hacia esta situación nos encaminamos sin no echamos el freno a nuestra forma de movilidad urbana. “Con soluciones tecnológicas, Bosch puede ayudar a mejorar la calidad de vida en las megaciudades. El principal medio para este fin es la movilidad libre de emisiones, libre de estrés y libre de accidentes”, comenta el Dr. Rolf Bulander, miembro del Consejo de Administración de Robert Bosch GmbH y presidente del área Mobility Solutions.
 
La idea es alejarse de un modelo de ciudad centrada en el coche y apostar por una movilidad inteligente y multimodal si queremos dejar de ver los accesos a las ciudades y sus principales arterias completamente atascados. Para ello hace falta avanzar en la comunicación entre el vehículo y la ciudad, dando paso al coche inteligente y conectado. Los primeros pasos ya se han dado con el automóvil eléctrico, un modelo ‘cero emisiones’ que significa una importante reducción de las emisiones contaminantes, aunque la realidad nos dice que todavía no tienen mucha aceptación porque son caros y su autonomía está bastante limitada.
 
El siguiente paso será la automatización de la conducción en diferentes fases y la conectividad del vehículo para poder ofrecer una serie de servicios como información precisa sobre el tráfico en la ruta que permite elegir un camino alternativo hasta el destino y servicios más avanzados como reservar plaza de aparcamiento o una bicicleta eléctrica para moverse por la ciudad. La electromovilidad tomará gran protagonismo en todas las áreas, desde los vehículos de dos ruedas –bicis y ciclomotores- a pequeños vehículos para el transporte particular, sin olvidar el transporte colectivo –autobuses, tranvías y funiculares- y el de mercancías con pequeñas furgonetas que se mueven con la energía acumulada en sus baterías, sin ruidos ni emisiones contaminantes. Dos ejemplos: en China circulan 200 millones de scooter eléctricos y la compañía alemana Deutche Post DHL ha implantado su ‘streetscooter’, una pequeña motocicleta eléctrica que cuenta con componentes Bosch para el reparto de cartas y pequeños paquetes a domicilio.
 
La automatización de la conducción también permitirá reducir los accidentes de tráfico que se producen por descuidos, pequeños alcances que provocan grandes atascos en horas punta, sin olvidar el gasto sanitario. La implantación del cinturón de seguridad obligatorio, el ABS, más tarde el ESP (1995), el control de presión de neumáticos y la frenada de emergencia en ciudad son hitos que han servido para rebajar considerablemente el número de fallecidos en accidentes de tráfico. Cuando el vehículo tenga capacidad de decidir con la ayuda de cámaras, sensores y numerosos parámetros analizados a través de la inteligencia artificial, el número de siniestros en carreteras y calles de las grandes ciudades se reducirá notablemente. Es el camino hacia una situación de ‘cero accidentes, cero víctimas’, que no debe de tardar mucho en llegar con la ayuda de la tecnología.
 
Para dar una respuesta a todos estos problemas, 227.000 empleados -48.000 de los cuales son ingenieros del área de i+D- trabajan en todo el mundo en el área de Mobility Solutions de Bosch, destacando 14 proyectos pilotos relacionados con las ciudades inteligentes en lugares tan emblemáticos como San Francisco, Singapur, Berlín o Hamburgo. Los responsables de Bosch esperan que a finales de esta década todo esté preparado para que nuevos modelos de Mercedes-Benz puedan circular con un nivel de conducción automatizada SAE4 y se trabaja ya en la fase 5, donde no será necesaria la intervención del conductor.
 
Los avances no tienen que llegar únicamente desde el sector del automóvil, hace falta la colaboración de las autoridades municipales, legisladores, proveedores de cartografía digital de mayor precisión y una conexión a Internet rápida y fiable para que los vehículos puedan acceder a una gran variedad de servicios, como programar la calefacción de la casa desde el coche, poner en marcha la lavadora, bajar las persianas…
Estamos en el inicio de un camino muy interesante que cambiará la forma de entender la movilidad urbana.
 
Mientras tanto, los fabricantes de automóviles y componentes avanzan para ofrecer coches cada vez más seguros, eficientes en sus mecánicas, confortables y conectados. Estos son algunos de los avances más interesantes que hemos podido probar en la pista de pruebas de Boxberg:
 
  • Arquitectura de 48 voltios. Las baterías convencionales de 12 voltios dan paso a unas adicionales de 48 voltios que abren un mundo de posibilidades en la conducción del futuro porque permiten crear pequeños propulsores híbridos capaces de proporcionar energía eléctrica al motor en momentos puntuales y asistir en el arranque de una manera suave tras una detención o en la navegación ‘a vela’, cuando el coche va a punta de gas, con la consiguiente reducción del consumo –unos 0,7 litros a los 100 kilómetros-.
 
  • Asistente de giro a la izquierda. Cuando llegamos a un cruce con el intermitente puesto y las ruedas ligeramente giradas a la izquierda, el vehículo puede llegar a frenar si detecta que viene otro coche que no hemos visto y hay peligro de colisión. Es de gran ayuda en el tráfico urbano y en intersecciones con baja visibilidad. Ya está disponible en el nuevo Audi Q7.
 
  • Frenada de emergencia con detección de peatones. Este sistema reacciona de una forma rápida (190 milisegundos) cuando detecta una situación de riesgo en la ciudad, ya sea por alcance al vehículo que nos precede o atropello a un peatón que cruza por un paso de cebra o un lugar indebido. En primer lugar emite una señal acústica y si el conductor no reacciona, frena a fondo para evitar el atropello, activando unos resortes en el capó que minimizan el impacto si hubiera colisión.
 
  • Sistema de protección de ciclistas. Es un paso más avanzado de la frenada de emergencia, con una situación específica si se cruza un ciclista en nuestra trayectoria. El radar detecta su presencia y frena el automóvil, incluso en condiciones de baja visibilidad por niebla, lluvia o porque un obstáculo nos impida ver al ciclista. Lo hemos comprobado en primera persona y el sistema funciona realmente bien.
 
  • Safe reversing. Muchos vehículos incorporan sensores que nos ayudan al aparcar y cámara trasera de gran utilidad, pero con este sistema se va un paso más allá al realizar una frenada si hay riesgo real de colisión. Y lo bueno es que funciona en todo el perímetro del vehículo, evitando esos golpes tan tontos con obstáculos que no vemos, como columnas o ‘bolardos’, que dejan el lateral del vehículo seriamente dañado. Funciona con la información proporcionada por las cámaras de visión 360º y los sensores.
 
José A. Prados (Boxberg, Alemania) – www.vidapremium.com
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